¿Duermes mucho pero aún te sientes cansado?

¿Sabías que puedes dormir 8, 9 o hasta 10 horas… y aun así despertarte agotado?
Esto es más común de lo que crees, y no tiene que ver solo con la cantidad de horas, sino con la calidad del sueño.

Cuando tu descanso no es profundo, tu cuerpo pasa la noche “trabajando”.
Las variaciones glicémicas —tanto subidas como bajadas— pueden generar microdespertares: esos momentos en los que no te despiertas del todo, pero tu cerebro sí.
Y eso le quita a tu sueño la parte más reparadora.

Hay señales claras de que tu descanso no está siendo de calidad:
levantarte con dolor de cabeza, irritabilidad, hambre intensa, sensación de niebla mental o la idea de “dormí, pero no descansé”.

Si te pasa seguido, no es pereza ni falta de energía “porque sí”:
es un cuerpo que no está recuperándose durante la noche.

Conclusión:
Dormir mucho no siempre significa dormir bien.
Mejorar la calidad de tu sueño puede ayudarte a despertar con más claridad, más energía y días con menos variaciones glicémicas.

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👉 En el próximo post hablaremos de: “Haz del sueño una prioridad: cómo impacta tu energía, apetito y glicemia.”
¡No te lo pierdas!

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